Equipos multiculturales

21.02.2021

Recuerdo mi primera metedura de pata en el extranjero...

Aunque ya había viajado a Francia con anterioridad para atender diferentes reuniones, recuerdo especialmente un viaje que hice unos diez años atrás para visitar una de las plantas industriales del grupo en el que acababa de entrar y cuyo objetivo era conocer a varios de mis nuevos compañeros.

Yo no hablaba francés y me tranquilizaba el hecho de que hubiera designada, como Gerente de la fábrica, una persona española.

Llegaba allí solo, en un coche de alquiler, con la intención de presentarme, visitar las instalaciones y comenzar a relacionarme con ciertas personas que iban a conformar el equipo de desarrollo de producto que iba a liderar a partir de ese momento. Así pues, quería dar, lógicamente, una gran primera impresión.

Llegué con puntualidad inglesa a la empresa, aparqué el coche y me dirigí hacia la entrada del edificio de oficinas que estaba situado justo enfrente de la planta de producción. Al acercarme, vi que había una persona en el exterior fumando; por supuesto, no la conocía (no conocía a nadie allí aún) así que, pasé a su lado, le sonreí amigablemente, le saludé brevemente con un rápido (y torpe) 'bonjour' y seguí adelante para ir al encuentro del gerente de la planta a quien podía ya ver al otro lado de la puerta de cristal que daba acceso al edificio de oficinas.

Noté un cambio en su expresión según me estaba acercando (no para bien, tengo que decir) y, cuando crucé la puerta tendiéndole la mano, me la asió rápidamente acercándose un poco más a mí y me susurró en tono confidente: "no vuelvas a hacer eso".

Hacer... ¿qué? Pero si aún no había tenido tiempo de hacer ¡absolutamente nada!

Cuando entramos en su despacho y estuvimos solos, me explicó mi error:

  • Gorka, en Francia, cuando llegas a la empresa, cada día, es costumbre saludar y estrechar la mano de tod@s tus compañer@s.

Para mis adentros pensé "bueno, no lo sabía, pero no es para tanto, ¿no?".

Sin embargo, antes de que pudiera formular la pregunta en voz alta, él continúo:

  • Es algo más importante de lo que crees. No debes olvidarte de ello NUNCA ya que no hacerlo se considera una falta de respeto.

Cuando lo comenté en España a mi vuelta del viaje, algún compañero me comentó:

  • Ahora entiendo por qué Jean-Luc (un colega francés que venía a visitarnos más o menos habitualmente) se pasa cinco minutos yendo mesa por mesa saludándonos a todos en el departamento cada vez que viene...

A mi compañero le resultaba un detalle curioso, casi cómico, pero para Jean-Luc era una forma de mostrar respeto y educación.

La moraleja es que no podemos obviar, ni mucho menos menospreciar, los usos y costumbres de otros países cuando vamos a colaborar con personas extranjeras.

El ejemplo que acabo de compartir es totalmente real y tiene lugar en Francia, un país vecino con el que no se esperarían grandes diferencias culturales. Imaginad cómo sería la situación con países más lejanos o de otros continentes.

Recuerdo otra ocasión en la que, hablando con un colega alemán, él me explicaba lo extraño que se sentía en sus primeras experiencias trabajando con empresas españolas.

Según me contaba, con una sonrisa en su rostro, hacía ya varios años, acudió a una (primera) reunión en España para tratar de cerrar un contrato de suministro de sus productos con un cliente de nuestro país. Llegaron a la sala de reuniones sobre las 10h00 (algo tarde para su gusto), estuvieron un rato hablando del tiempo, de fútbol, tomando un café, etc. Al cabo de un rato, ya, por fin, entraron en materia, haciendo una presentación de las empresas e introduciendo el tema que les había llevado allí.

Después de varias horas de reunión, y cuando parecía que estaban llegando, finalmente, a una conclusión, para su absoluta sorpresa, uno de los asistentes españoles exclamó: "¿vamos a comer?"

¿¡Cómo!? Mi colega no se lo podía creer. Con lo que les había costado llegar a aquel punto de la reunión y, ahora que parecía que por fin avanzaban, aquel hombre quería ¿irse a comer? No podía creerlo. Sentía que su viaje iba a ser totalmente inútil porque su vuelo de vuelta salía ese mismo día por la tarde. Si se iban ahora a comer sin haber cerrado, mínimamente, nada, ¿de qué servía todo el esfuerzo que habían puesto en aquel encuentro?

Por supuesto, tampoco quería contrariar a aquellos potenciales clientes con los que parecía existir la posibilidad de llegar a un buen acuerdo. Además, su relación era, aparentemente, muy buena; ellos les habían recibido muy calurosamente y el encuentro estaba siendo de lo más cordial. Así que no le quedó más remedio que resignarse y acceder a ir a comer.

Lo que él no sabía (todavía; y aquí su sonrisa se convirtió casi en una carcajada), era que, para sus clientes españoles, la reunión no se terminaba al salir de la sala de reuniones, sino en el momento de despedirse definitivamente, con lo que, la comida resultó ser una extensión del encuentro profesional que estaban manteniendo.

Al final, salieron del restaurante totalmente satisfechos y con un gran acuerdo perfectamente encauzado.

Hans - mi colega alemán - me explicaba a renglón seguido cuán diferentes habían sido hasta entonces todas sus reuniones (con clientes siempre alemanes), donde, una vez abandonada la sala de reuniones, era rarísimo seguir negociando (formalmente) ningún aspecto de la cuestión que les hubiera llevado a reunirse.

Personalmente, mi experiencia profesional se limita casi exclusivamente a Europa (con alguna relación esporádica en Norteamérica). Pero, como podéis comprobar, incluso en este contexto en teoría bastante homogéneo, podemos encontrarnos con situaciones, cuando menos curiosas.

Hablando sobre culturas realmente diferentes, y aunque insisto en que mi experiencia es escasa, recuerdo, por ejemplo, un par de encuentros con personas de Japón. Si alguna vez habéis tenido relación con gente del país nipón, seguramente os habrá sorprendido, igual que a mí la primera vez, la manera en la que ell@s entregan sus tarjetas de visita: cogiéndola con las dos manos (por muy pequeña que sea) y acompañando el acto de ofrecimiento de la tarjeta con una reverencia. Aunque para nosotros es solo un trozo de cartón donde se recogen nuestros datos de contacto, ell@s lo entienden como una extensión de su persona, por lo que es importante, cuando nos la ofrezcan, tratarla con la misma deferencia con la que ell@s nos la entregan: recogerla con mimo, mirarla con interés y guardarla con cuidado, como un pequeño tesoro. Agarrarla de cualquier manera y meterla en el bolsillo del pantalón sin ninguna consideración podría ser 'doloroso' para quien nos la está entregando.

Un último ejemplo: en cierta ocasión, una persona con amplia experiencia en países Orientales, me decía (esto no lo he podido constatar yo mismo) que en China emplean tres 'síes', de manera que, si una persona de este país os dice 'sí' quiere realmente decir 'sí, te he oído'; si os dice 'sí, sí' quiere decir 'sí te he oído y te he entendido'; y solo si dice 'sí, sí, sí' querrá decir 'sí te he oído, te he entendido y voy a hacer lo que me pides o estoy de acuerdo contigo'.

Hay un libro fantástico que os recomiendo absolutamente si trabajáis o vais a trabajar con personas de otras culturas: The culture map de Erin Meyer. En él se explican las diferencias de comportamiento, en diferentes ámbitos entre un gran número de países.

En él, se habla, por ejemplo, sobre las diferentes formas de comunicación en función del país en el que estemos, haciendo hincapié en qué países emplean mensajes totalmente explícitos y en cuáles hay que leer más entre líneas. También se tratan temas como la importancia de la jerarquía (distinta en diferentes culturas) y su relación con el liderazgo o el respeto al superior, como la toma de decisiones, la forma de dar y recibir feedback por parte de nuestros compañeros de trabajo, la manera de mostrar disconformidad con una idea que nos trasladen si no nos satisface y otras muchas cuestiones.

Resumiendo, me recomendación general (y lo que yo intento hacer) es que, si vamos a trabajar con personas de otra cultura (y cuidado, insisto en que no hablo de culturas diametralmente diferentes o tremendamente lejanas), es importante, hacer un breve estudio de cuáles son sus costumbres y tratar de seguirlas. Tanto si nosotros vamos a su país, como si ellos vienen al nuestro.

Recibir o visitar a un compañero, a un proveedor, a un cliente... de otra cultura conociendo y siguiendo, aunque sea mínimamente, sus costumbres, le hará sentir mucho más cómodo, más seguro y más abierto a estrechar lazos con nosotros.

Igualmente, conocer un mínimo de la situación de su país, de su historia, de algún tema actual, etc. demostrará el respeto que tenéis por la(s) persona(s) con la que vais a relacionaros.

Y ojo, un último apunte: a la hora de liderar equipos, cuando hablamos de culturas diferentes, no se trata solo y exclusivamente de cultura de país. También la cultura de empresa juega un papel importante.

Pero eso, es otra historia...